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miércoles, 26 de agosto de 2015

Mis aventuras en el gimnasio

Llego ahora del gimnasio, todavía estoy sudando y creo que mañana me van a doler hasta la punta de las pestañas. Como el curso está a punto de empezar, he decidido apuntarme al gimnasio. Dicen que viene bien para descargar tensiones y empiezo a estar un poco fofo, todo hay que decirlo.

 Después de unos días familiarizándome con el edificio, joder que de escaleras tiene y yo con miedo de perderme y en vez de acabar en la ducha acabar en la recepción medio desnudo. Pues después de haber perdido mis temores a aparecer semidesnudo en la recepción, hoy he ido a una clase de spinning, que no sabía si estaba en el gimnasio o en una tómbola de las fiestas de mi pueblo. Todo lo que el monitor tenía de musculado, le faltaba en la dicción; no sabía si tenía que subir la intensidad, levantarme o me iban a dar un perrito piloto. Eso si, he actuado por imitación que la gente se levantaba de la bici, ahí iba yo; que se bebía agua porque el monitor gritaba algo, yo bebía...

 ¡Y qué decir de la música! No había oído nada tan malo desde que era un tierno adolescente que iba a discotecas de una ciudad castellanoleonesa porque no había otra cosa, pero me quedo mucho más tranquilo al ver que el eurodance sigue teniendo salida en sitios así.

 Lo peor de todo es que a pesar de todo, volveré; es lo que tiene ver las cosas desde un punto de vista postmoderno y ver la ironía en todo ...